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Mini relato:

Pasé al segundo hombre, que poseía un miembro bastante más pequeño pero no por ello menos atractivo para mí. Lo agarré con delicadeza y tras descubrir su prepucio lo introduje en mi boca, obteniendo también un excitante sabor. En esta ocasión si que pude introducir casi la totalidad en mi boca, y mientras tragaba aquel delicioso trozo de carne estiré mi mano izquierda para agarrar de nuevo la poya del moreno que tanto me gustaba. A continuación agarré con mi mano derecha otra poya, y de esta manera jugueteé con tres poyas a la vez, dos en mis manos y una en mi boca.

No pude calcular el tiempo que pasé mamando las poyas de aquello cinco hombres pero al terminar estaba a punto de reventar. Había disfrutado como loco saboreando poyas pero era consciente de que aún faltaba lo mejor. Me puse en pie y miré al alcaide, que seguía sentado con su poya fuera, meneándola mientras contemplaba el espectáculo. Los cinco hombres esperaban a que fuera yo quien tomara la iniciativa y aproveche entonces para acercarme de nuevo al moreno. Agarré su miembro y lo llevé hacia el sofá, donde le hice sentar. Me coloqué a cuatro patas delante de él y volví a meterme su enorme pene en la boca, dejando mi trasero al alcance de los demás. No tardaron mucho en acercarse y magrear mi culito. Mientras chupaba la deliciosa verga noté como una lengua recorrió la raja de mi culo por completo, desde mis huevos hasta el final de la misma. Comencé entonces a gemir levemente, consciente de que al escucharme seguirían con aun más empeño. Mientras seguía devorando la tremenda poya, hasta que noté que alguien penetraba mi ano con dos dedos, viéndome obligado a parar por el placer que me produjo. Durante unos segundos perforó mi recto y giré mi cuello para pedirle que siguiera. El chaval sacó sus dedos de mi ano y los llevó a mi boca, donde los introduje para saborear una vez más mis adentros. Cuando acabé volví a la posición en que estaba y levanté las piernas del mulato, dispuesto a comerle su delicioso culito. Me acerqué a él y tras olfatearlo unos segundos saqué la lengua para saborear todos sus rincones. Me entretuve unos minutos lamiendo y penetrando con mis dedos aquel lindo trasero mientras el resto de hombres lo hacían con el mío.

Deseoso de que follaran mi culo de una vez me levanté y me dirigí al hombre que me resultaba más atractivo. Medía cerca de 1’90, estaba tremendamente musculado y su pene poseía un tamaño bastante apetecible. Decidí que fuera él quien me follara primero, pues mi culito aun no estaba preparado para alojar el tremendo pene del moreno, que reservaría para más adelante. Hice tumbar al chaval en el suelo, y me agaché para volver a chupar su poya y dejarla bien lubricada. Llevé mi mano derecha a mi trasero y tras comprobar que estaba bien lubricado me coloqué encima de aquel tremendo cuerpo. Levanté mi trasero y agarrando la poya con mi mano derecha la llevé hacia la punta de mi ano. Relajé mi esfínter y la dura poya se fue abriendo paso entre las paredes de mi recto, haciéndome gozar como loco. Mientras mi ano alojaba más longitud de poya el placer aumentaba, hasta llegar a un momento que tuve gemir del placer. Dichos gemidos se prolongaron hasta que todo su pene quedó introducido en mi ano, momento en el cual me incliné hacia el fornido cuerpo del chaval para besarlo y acariciarlo. Comencé a mover mi trasero mientras besaba el apetecible cuerpo, hasta que uno de los hombres ofreció su poya para que la chupara. La agarré con fuerza y la mamé mientras era enculado. El resto de hombres no paraba de acariciarme y ofrecerme sus penes para que los masturbara. Uno de los hombres me ofreció su trasero y dejé de saborear la poya que tenia en mi boca para saborear lo que tanto me gustaba, un buen trasero. Con mi lengua recorrí toda la raja de su culo para después centrarme en su delicioso agujerito oscuro, del que obtuve un aroma y sabor que me llevaron al cielo. Metí uno de mis dedos para palpar las paredes de su recto y al sacarlo lo llevé a mi boca, donde una vez más disfruté de su delicioso sabor. Los pelos de mi peluca quedaban pegados al exquisito trasero y con mi dedo introduje un mechón por su ano. A continuación lo saqué y proseguí chupando aquel delicioso agujerito hasta que el muchacho que me enculaba aumentó el ritmo, notando un placer tan extremo que tuve que dejar de chupar pues me costaba respirar. Incliné entonces mi cuerpo y abracé el torso del joven, a la vez que este llevó sus manos a mis nalgas. Las agarró con firmeza y aumentó aún más la velocidad de sus embestidas. Lo abracé entonces con más fuerza y en unos segundos noté que se corría dentro de mi recto, siendo tal el placer que durante unos segundos perdí la visión y quedé algo aturdido. Cuando me repuse me di la vuelta y me acerqué a la poya que tan divinamente me había enculado para saborear su semen. Mientras tragaba todos lo restos que en ella que daban llevé mi mano hacia mi ano, comprobando que estaba totalmente pringado de semen. Parte de este semen resbalaba por la raja de mi culo hacia los muslos.

Mientras seguía rebañando la ahora flácida poya y sin previo aviso, alguien volvió a introducir su verga hasta lo más profundo de mi culo. Entró sin ninguna dificultad por el semen que albergaba y la enculada fue aún más placentera que la primera. El chaval que se había corrido se levantó y me dejó sin poya que llevarme a la boca, pero a los dos segundos se acercó el mulato, llevándome su tremenda poya inmediatamente a mi boca. Pasé un largo tiempo chupando su deliciosa poya, mientras los otros tres hombres se fueron turnando para follar mi culito. Cada uno de ellos estuvo tan solo cinco minutos follando mi trasero, pues el alcaide, que seguía contemplando desde su butaca, les ordenó que no se corrieran todavía. Al sacar el último de ellos su verga de mi ano decidí que era el momento de poner el broche final.

Dejé de chupar la rica poya del negro y le dije que se tumbara en el sofá. Una vez tumbado me coloqué sobre él, dispuesto a meter su descomunal tranca por mi delicioso agujerito. Incliné mi cuerpo, dejando reposar mi cabeza sobre su pecho, y alguien se encargó de dirigir la poya hacia mi orificio anal. Cerré los ojos esperando que me clavara su rica poya, cosa que hizo suavemente. Lentamente se fue abriendo paso sin encontrar dificultad, pues por aquel entonces mi ano estaba totalmente dilatado. Era tal el placer que me produjo aquella verga en mi culo que comencé a gemir como una loca. El chaval agarró mis nalgas con sus enormes manos para ayudarme a mover mi cintura y de esta forma facilitar la penetración. Tras unos minutos penetrándome lentamente comenzó a bombear con más fuerza, viéndome obligado a gemir más fuerte. Fruto de mi excitación comencé a besar a mi apreciado moreno por su cuello y torso. Tras varios minutos de enculada noté que uno de los chavales lamía mis nalgas, llegando a lamer las proximidades de mi ano. Fue muy excitante notar una cálida lengua acariciando mi trasero a la vez que era brutalmente penetrado. Mi excitación iba a más y reclamé la atención de uno de los hombres que observaba parado para que me ofreciera su poya, pues tenía ganas de volver a tragar un delicioso pene. Pasé el resto de la enculada saboreando la rica verga hasta que noté que el negro paraba, ya que estaba a punto de correrse. Cuando paró me levanté y miré al alcaide, que sonreía excitado.

Uno de los hombres agarró mi brazo y me hizo arrodillar, pues estaban tremendamente excitados y con ganas de correrse. Una vez arrodillados se acercaron, y comprobé que el que se había corrido dentro de mi culito ya no estaba. Los cuatro restantes se colocaron a mi alrededor y comenzaron a masturbar sus poyas. Yo me acercaba a ellas para intentar chuparlas todo lo que podía. Mientras llevaba mi mano a mi trasero, el cual estaba totalmente empapado de flujos. De pronto uno de ellos agarró mi cabeza y la inclinó hacia atrás, corriéndose sobre mi cara abundantemente. Casi la totalidad del semen fue a parar a mis ojos y labios, el cual no dudé en llevar hacia mi boca para saborearlo. Sin apenas tiempo a disfrutar llegó la segunda corrida. Un fuerte chorro quedó atravesado en mi cara y el resto fue a parar a mi peluca, pudiendo saborear muy poco. El tercero en correrse fue el moreno, que lo hizo abundantemente sobre mi frente y ojos. El cuarto y último se corrió de cuatro abundantes chorros, yendo a parar los cuatro sobre mi cara. Cuando los cuatro se corrieron incliné mi cabeza hacia adelante y el semen que abundaba mi cara fue resbalando por mi rostro, cayendo parte hacia mi pecho. Intenté llevarme a la boca la mayor cantidad de semen posible y lo saboree unos segundos para después tragarlo.

Con la cara pringada todavía me incorporé y miré al alcaide, que con un gesto me ordenó acercar. Una vez ante él me arrodillé e introduje su pene en mi boca, mientras bajaba sus pantalones. Su tamaño era bastante grande y a pesar de la edad parecía bastante vigoroso. Disfruté durante unos minutos de su delicioso sabor pero por desgracia se corrió en poco tiempo. Lo hizo dentro de mi boca, abundantemente, viéndome obligado a tragarlo para no ahogarme.

Cuando todos acabaron salieron de la sala, dejándome allí solo. A los cinco minutos apareció Sergio, que me hizo pasar a la habitación donde antes me había maquillado. Antes de pasar a la ducha me miré al espejo, contemplando mi cara con restos de semen, lo cual me excitó bastante. A continuación me quité la peluca y se la di a Sergio. Hice lo mismo con las botas y las medias y pasé a la ducha. Una vez limpio regresé a mi celda, ansioso por volver a tener un encuentro como el que había vivido.