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Observen como Ivanov se la saca y rápidamente Petrov se incorpora y da medio
giro para quedar de frente a su amada pareja. Mientras giran en un rapidísimo
tirabuzón, las bocas y lenguas de ambos se juntan en un apasionado, apasionado
beso. Las manos de cada uno no dejan de jalar y masajear la verga del otro.
Estas vergas maravillosas, esculturales que se han puesto duras como estacas, y
que están a punto de estallar. Ambos explotan en perfecta sincronía. El primer
chorro de Ivanov golpea la cara y la hermosa cabellera rubia de Petrov, quien
abre la boca esperando recibir directamente la segunda descarga. Su propia leche
cae en el pecho maravilloso, juvenil de Ivanov. Siguen descargando dos, tres,
cuatro, cinco veces el preciado líquido, y quedan completamente cubiertos de ese
néctar envidiable de los dioses.