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Ya se presentan en la pista estos imponentes cosacos. Alexei Ivanov viste un impresionante traje azul celeste bordado con lentejuelas, ceñido, que revela sin lugar a dudas un maravilloso cuerpo del atleta. Noten, amigos, como resalta su cabellera rubia que ondula como llevada por el viento, y sus ojos azul cielo, que parecieran de la misma tela que el traje, contra su inmaculada tez blanca. Observen como su camisa, abierta casi hasta el ombligo, deja ver un escultural pecho, perfectamente lampiño, con unos pectorales que causarían envidia a los mismísimos dioses del Olimpo. Su trasero redondeado, duro como la roca se hace evidente a través de su traje, a la vez que se nota un impresionante bulto en su entrepierna. Que bulto, dios mío... Rigoberto