|
|
Conforme la plática y la mirada a las fotos transcurrían, el mecánico me fue contando que tenía ganas de tener sexo con un hombre, que quisiera penetrar a un hombre por el culo, reventándolo hasta sentirse loco de sexo y alegría. Yo comencé a mirar su entrepierna, viendo una tremenda erección que tenía mientras me decía estas palabras. La cercanía era cada vez mayor, mi cara estaba encima de su hombro para poder ver más cómodamente las fotos de la revista. Ahora mi cuerpo tocaba casi por completo el cuerpo sudado y oloroso de ese hombre que me excitaba cada vez más. Pero yo más bien tendía a pensar que me sentía nervioso, cada vez más nervioso.