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Por azares del destino, conocí a un mecánico simpático, alto, moreno y bigotón. Ya antes yo había descubierto mis inclinaciones homosexuales, pero nunca me había animado a llevarlas a la realidad por miedo, hasta esta ocasión. Pero bueno, decía que fui con este mecánico y nos pusimos a platicar de cosas intrascendentes. Entre la plática, surgió el tema de la homosexualidad.