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MP4 ANGEL LINGER
El auto salía de la avenida principal y se perdía en una secuencia de calles que, una a una, se acoplaban en mi mente asociadas a recuerdos felices… después de todo: la casa de la abuela siempre había sido eso para mí; momentos felices junto a mis amigos. Aunque ahora éramos una familia acomodada de
tres miembros -mi hermana, mi madre y yo-, no siempre fue así. Los
nostálgicos recuerdos de una infancia pobre que me hacían tambalear
la cabeza regresaban a mi en cámara lenta, listos para atacar… En
aquel entonces sólo los juegos de mi imaginación inocente
inquietaban a mi soledad, y el sol filtrado por el techo de paja no
era un cruel signo de mi humilde origen; sino una bonita razón para
jugar con los legos bajo el sol, TODO era hermoso en la tranquilidad
de la soledad. Llegamos – mi mamá tenía el don de decir las cosas más obvias sin sonar ridícula, pero de alguna manera siempre lo decía cuando yo no le prestaba atención. Bajé del taxi lento y dando en manifiesto mi
desgano; mi madre me miro desde el auto con su cara de " Cambia de
actitud, CARAJO", y yo me limité a tocar el timbre lo más rápido
posible para no tener que ver aquella desesperante – y casi cómica-
mueca de rechazo. El taxi partió con mi madre a bordo…con ella se
iba mi martirio… mejor dicho: el primero de ellos. Las trivialidades son una parte importante de la vida; en mi caso aplacaban un poco el hecho de sentirme como un cachorro indefenso en aquel momento; lo que sea que pasara en estos . El dramatismo de la situación era amplificado por la nula presencia de personas transitando por la calle... maldita sea; No sabía cómo debía reaccionar: para comenzar ni siquiera podía definir lo que estaba sintiendo: sólo sabía que estaba allí; con el dedo en el timbre, expectante de todo y listo para nada. Seguirle el juego, enojarme con él … ¿evitarlo?... eso definitivamente no funcionaría; a decir verdad supe que NADA funcionaría cuando, tras la puerta de vidrio grueso adoquinado, se dejó adivinar su corpulento metro setenta y siete; ya no había nada que perder: ya todo estaba perdido. Malditas las ganas de abrazarlo, de besarlo, de confesarme suyo; maldita la canción que me resonaba en los tímpanos; tan jodida como el falsetto de Williams permitía, tan directa como la realidad había querido.
<Me fijo en ti, en ti…Y te siento cerca…pensando en mí…> Allí estábamos; parados uno frente al otro en
el umbral de una casa – por lo que pude adivinar un poco después-,
vacía.
<El cuerpo se me va… Hacia donde tú estás..>. Liberté mi brazo lenta e inapelablemente de su otoñal tacto; un oportuno paso hacia delante me liberó totalmente: sabía lo que debía impedir: así que di pasos que se tornaban rápidos sin mirar atrás; aún así, antes de poder articular nueva palabra, me tomó nuevamente por la espalda: sus macizos brazos se asieron a los míos en un ademán tosco, casi posesivo, pero a la vez muy dulce y protector. Mil cosas pasaban por mi mente en ese momento; pero una predominó Dios sabe desde dónde: un profundo odio. Las náuseas que me empezaron a invadir no eran sino los signos de mi agobiado estado. Viré dispuesto a mandarlo a rodar; si era necesario con golpes; al fin tenía algo con lo cual reaccionar: odio. Al voltear todo se fue a la mismísima mierda. Cuando me encontré con sus profundos ojos negros en los míos mis piernas flaquearon, por una milésima de segundo, me sentía terriblemente mal. Me tomó suavemente el rostro con una mano, examinándolo con paternal cuidado y acariciando mi cabello, lento muy lento. Ninguno de mis sentimientos existía: todo mi universo se limitaba a seguir el cálido tacto del revés de su mano con mi rostro; que bajaba a mi mentón muy lentamente; provocando un pequeño estremecimiento inicial como respuesta a sus caricias. Poco a poco percibí su semblante frente al mío sólo a través de su respiración; no me atrevía a abrir los ojos. < De nuevo tu…Te cuelas en mis huesos… Dejándome tu beso; junto al corazón…> Cuando sentí el tibio contacto de sus labios
sobre los míos, mi cuerpo se dejó sostener en sus brazos que; tan
fuertes y compactos me mantenían en el mundo real de lo sentidos.
Nuestros labios se rozaban con calma; una calma cruel para con
nuestra pasión contenida: nuestros cuerpos trataban de explorarse en
dimensiones más allá de lo que se perciben los sentidos; todo
excepto los ojos; no soportaría ver sus ojos, no estaba listo. Él lo
percibió y poco a poco iba aflojando la presión de su brazo
aprisionador; yo ya no iba a escapar y ambos lo sabíamos. No demoré en tomar su ritmo; su experiencia, su amor. Nuestras lenguas daban furtivas invasiones a medida que el beso se hacía más apasionado. Se liberó en mí el macho dominante que había sido desde siempre con mis parejas; lo tomé por la tonificada cintura de quien no abandona nunca el deporte y lo apegué a mí, mi otro brazo se ocupó de inclinar un poco con suavidad su cabeza para facilitar el beso: le mordía con cariñosa alevosía los bordes de los labios: sus respingos de placer me decían que lo estaba haciendo bien y hacerlo sentir bien… me provocaba el placer que sólo conocen quienes hacen bien al ser que aman. Mi cansancio, al contrario de lo que yo esperaba, fue bien recibido; ahora que lo pensaba: llevaba ya casi dos días despierto, entre exposiciones de la universidad y la espectacular follada que me monté con Nicolle en casa de mis tíos la noche anterior, mi cuerpo había quedado molido y ahora entendía todo mi malestar. Tengo sueño- es curioso que después de un beso tan especial, yo dijera algo tan típico y ridículo. ¿ Sueño? – Respondió risueño; asumí que lo había malinterpretado, así que se lo reiteré explícitamente. Su risa grave ahogó toda mi vergüenza e incomodidad. -Lo que verdaderamente me revivió fue abrir los ojos y verlo así, tan contento. Estaba hermoso. Si me piden una descripción física de él; lo más objetivo que puedo decirles es que varias veces habían comparado en son de broma a mi Hugo con un tal Clooney la verdad no sabía quien era el tipo hasta hace muy poco tiempo, vi el anuncio de su última película en una publicidad de Yahoo… aunque es MUY parecido; mi tío es menos lampiño; el cabello oscuro, corto y ni tan canoso. A sus 38, a Hugo le veo mejor el semblante más conservado (no sé cuantos años tenga el tipo) y un poco más tosco pues es obvio que no se cuida tanto como el actor. - Me abracé a su cuello con fuerza pero
dócilmente; me recosté en él. Se sentó en el mueble de la sala
conmigo acostado en su pecho. Hugo; mi tío, más que mi padre, me
acariciaba la espalda con cuidado casi arropándome. No me imagino lo
que habrá sentido al descubrirme, literalmente, dormido en sus
brazos. You've got me wrapped around your finger, Do you have to let it linger. Do you have to, do you have to. Do you have to let it linger… -CONTINÚA- |
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